George Müller y las oraciones que mantuvieron alimentados a 10 000 huérfanos
George Müller y las oraciones que mantuvieron alimentados a 10 000 huérfanos

George Müller y las oraciones que mantuvieron alimentados a 10 000 huérfanos

Y mi Dios suplirá todas vuestras necesidades según las riquezas de su gloria en Cristo Jesús. –Filipenses 4:19 (NVI)


De la oración a la provisión

Un rayo de sol se colaba por los agujeros de las cortinas, recorriendo las tablas del suelo de madera hasta iluminar el rostro de un bebé dormido. En el interior del orfanato, eso indicaba que había comenzado la rutina matutina. Los cuidadores se movían de un lado a otro, vistiendo a los más pequeños y supervisando a los mayores mientras estos alisaban las sábanas y ahuecaban las almohadas.

Durante el desayuno se produjo un retraso inusual. El director del orfanato no aparecía por ningún lado; al fin, entró en la sala. Sin dar ninguna explicación, George se limitó a decir: «Niños, es hora de dar gracias a Dios por la comida». 

Pero nunca adivinarías la impactante verdad. 

La cocina estaba vacía. No había leche. No había gachas. No había patatas. Ni un solo grano a la vista. El personal no sabía qué hacer. Sin embargo, a pesar de las malas noticias, George siguió con su costumbre de salir delante de los niños en el comedor para bendecir la comida. 

Cerró los ojos, levantó las manos y rezó: «Querido Padre, te damos las gracias por lo que vas a darnos de comer. Amén». 

Tras un coro de «amén» por parte de los niños, se hizo el silencio en la sala. De repente, se oyó un golpe en la puerta desde el otro lado del pasillo. Había alguien en la puerta. 


Disposición imprevista

George abrió la puerta y se encontró con el panadero del pueblo. «Señor Müller, siento molestarle, pero anoche no pude dormir», le dijo. «Por alguna razón, sentí que no tenía nada para desayunar y que el Señor quería que le enviara algo. Así que me levanté a las dos de la madrugada y le horneé pan». 

George se quedó asombrado, aunque ya se había acostumbrado a este tipo de milagros.

En cuanto empezó a repartir las barras de pan, ¡se oyó otro golpe inesperado en la puerta! Era el lechero. «Señor Müller, siento molestarle a estas horas, pero mi carro de la leche se acaba de averiar justo delante de su casa», dijo. «Toda la leche se echará a perder antes de que pueda arreglar el motor. ¿Hay alguna posibilidad de que le sobre un poco de leche?». 

Este no fue ni el primer ni el último milagro que vivió George Müller. En 1836 abrió su primer orfanato en Bristol, Inglaterra, donde acogió a 26 niños. Con el tiempo, amplió su labor a cinco orfanatos y, a lo largo de 60 años, ¡cuidó de más de 10 000 huérfanos!


Una fe increíble

Había una regla que George siempre respetaba: nunca pedía dinero a nadie. Confiaba en Dios como su único proveedor. 

En una ocasión, rezó para conseguir dinero para renovar un orfanato, pero nunca le dijo nada a nadie al respecto. Días más tarde, un donante anónimo envió un cheque por el importe exacto, hasta el último céntimo. Dios respondía siempre a sus oraciones y movía a otros a actuar en su nombre.

¿Te imaginas a Müller viviendo así en el mundo actual? A menudo, una vida de fe nos exige vivir en ese espacio gris entre nuestras oración y la respuesta de Dios, experimentando la incomodidad de la carencia hasta el momento justo

Es fácil poner excusas para justificar por qué no somos capaces de dar el paso hacia lo que Dios nos llama a hacer. Quizás no nos sentimos preparados. O tal vez nos falten recursos o no tengamos claro cómo empezar. La brecha entre lo que tenemos y lo que necesitamos puede parecer demasiado grande, lo que nos hace dudar o no empezar nunca. Sin embargo, la vida de George Müller es prueba de que Dios siempre provee para la misión a la que nos llama. George no esperó a tener todos los recursos: simplemente dio un paso adelante en obediencia, confiando en que su Gran Proveedor le daría exactamente lo que se necesitaba en exactamente el momento adecuado.

La historia de Müller nos anima a vivir con fe en cualquier tarea que Dios nos haya encomendado. Cuando actuamos con fe y obediencia, Dios se encuentra con nosotros allí; no siempre llega pronto, pero nunca llega tarde. 


¿Qué significa esto para mí? 

¿Hay algo a lo que Dios te ha llamado, pero no sabes muy bien por dónde empezar? Tómate un momento para escribirlo. Recuerda que Dios es nuestro Proveedor y nunca nos da una visión sin su provisión; a menudo, solo está esperando a que demos un paso de fe. ¿Qué pequeño paso práctico puedes dar hoy para acercarte un poco más a lo que Dios te está pidiendo que hagas?

Este artículo forma parte de la Let’s Go , que se centra en cumplir la Gran Comisión de Jesús. Sigue el devocional aquí.